En 1979, Ouka Leele se llamaba aún Bárbara Allende Gil de Biedma y Madrid empezaba a ser una fiesta abarrotada sin contorno definido. En aquel tiempo empezó a fibrilar una generación que venía de aburrirse mucho, ajena al tinglado de la dictadura y con ganas de romper aquel cerco de dictadura y sacristía heredado de un franquismo gastado e inútil.
Entre los chicos y chicas dispuestos a edificar algo distinto estaba aquella fotógrafa de familia bien que encontró por el camino a algunos cómplices con los que concretar un espacio sin hacer. Había músicos, pintores, escultores, dibujantes de comics, modistas, modistos, directores de cine. Todo estaba por hacer y aquella joven de ojos claros que iba para Bellas Artes dio un golpe de timón, se apuntó a una academia de fotografía y comenzó a levantar el edificio de una obra propia que no se parecía a ninguna otra.
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