Antes de hablar de objetivos, megapíxeles o marcas, hay que entender algo esencial, la fotografía es una forma de mirar el mundo. Dos personas pueden estar frente a la misma escena y obtener imágenes completamente distintas. ¿Por qué? Porque cada fotógrafo mira su propia historia, sensibilidad e intención.
Mirar fotográficamente implica detenerse, observar cómo la luz toca los objetos, cómo las personas se mueven dentro del espacio y qué emociones provocan una escena. Muchas veces, la mejor fotografía no es la más relevante, sino aquella que revela algo que normalmente pasamos por alto. Por eso, desarrollar la mirada es un ejercicio constante. Caminar sin cámara, analizar imágenes, preguntarse por qué una foto funciona y otra no.
La técnica se aprende, la mirada se construye con tiempo, curiosidad y atención.

No hay comentarios:
Publicar un comentario