Sin luz no hay fotografía, pero no cualquier luz sirve para contar una historia. La luz tiene carácter, dirección y temperatura, y es capaz de transformar una escena común en una imagen memorable.
La luz dura del mediodía genera sombras fuertes y contrastes intensos, mientras que la luz suave del amanecer o del atardecer envuelve los sujetos y crea una atmosferas más íntimas. Aprender a leer la luz es aprender a anticipar la fotografía, a imaginar cómo será la imagen incluso antes de levantar la cámara.
Los grandes fotógrafos no buscan cosas, buscan luz. Saben esperar, volver al mismo lugar una y otra vez y comprender que una buena fotografía muchas veces depende más del momento que del encuadre perfecto.

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