jueves, 16 de abril de 2026

ANA MENDIETA

Ana Mendieta y la esencia de una metamorfosis

Cuando se trata de separar obra y artista, a lo largo de la historia, es fácil encontrarse generalmente con un doble rasero. La obra de Artemisia Gentileschi, por ejemplo, en muchas ocasiones ha quedado eclipsada o vinculada a la violación que sufrió a manos de su maestro. Sin embargo, al recordar a Caravaggio, ¿quién relaciona el asesinato que cometió con el tenebrismo de sus lienzos?

De la misma manera, la obra de Ana Mendieta ha quedado ensombrecida por el trágico y macabro fin que sufrió a la corta edad de 36 años, cuando “cayó” desde una ventana a 34 pisos de altura tras haber discutido con su marido, el artista Carl Andre. A veces da la sensación de que mujeres como Mendieta o Gentileschi ni siquiera son recordadas por lo que hicieron con su vida u obra, sino por lo que se les hizo. Mientras Andre fue absuelto de todos los cargos por asesinato y su trayectoria como artista prolífico continuó intacta hasta su muerte el año pasado, Mendieta fue robada del mundo demasiado pronto, y desde entonces el mundo vive con la ausencia de Mendieta, de su mirada y de todo lo que podría haber sido. Sin embargo, hay espacios que actúan como receptáculo de su memoria y legado artístico. El MoMA es uno de ellos.

El museo expone actualmente una treintena de obras de la artista cubana y acaba de disponer otra de sus salas para albergar tres de sus películas en formato Super 8. Ana Mendieta fue una artista multidisciplinar que materializó su extensa obra en diferentes formatos: pintura, escultura, fotografía, performance… La sala 411 pone ahora el foco en la dimensión cinematográfica de su carrera, una pequeña porción de la totalidad que abarca su obra.

 

Los films documentan algunos resquicios de su serie Silueta -y de obras posteriores-, un trabajo performático que desarrolló entre 1973 y 1978 y que fluctuó entre el body y el land art, género que ella misma bautizó como earth-body. Silueta es una colisión entre conceptos y disciplinas que abarca la transformación, la integración del cuerpo y el paisaje, la identidad y la conexión con el universo mismo.

Las tres cintas expuestas aluden directamente al proceso de metamorfosis entre su propio cuerpo y la naturaleza, y están grabadas en diferentes localizaciones que marcaron la vida de Mendieta: Cuba, su tierra natal, que abandonó durante su niñez huyendo del régimen castrista y a la que no regresó hasta unos años antes de su muerte; Iowa, donde tras pasar la adolescencia en diferentes hogares de acogida se formó académicamente como artista y entró en contacto con diversas corrientes feministas —en esta etapa, el brutal asesinato y violación de una compañera de la universidad marcarían su obra de sangre y violencia—; y México, lugar donde abrazó al completo sus raíces latinoamericanas y desarrolló un gran afán por la cultura tolteca, las diosas paganas de antaño y la santería cubana, lo cual se vería reflejado en su arte a través de elementos como plumas, agua, fuego, polvo teñido o sangre animal como alusión sacrificial y espiritual.



Noticia: https://www.elconfidencial.com/el-grito/2025-03-29/ana-mendieta-y-la-esencia-de-una-metamorfosis_4094924/

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