La polémica alrededor de Rosalía y el acceso de fotógrafos a sus conciertos continúa creciendo tras confirmarse que el veto aplicado en otras ciudades también se ha mantenido en sus actuaciones en Barcelona. La artista y su equipo han optado por impedir la entrada de fotoperiodistas acreditados y distribuir únicamente imágenes oficiales tomadas por fotógrafos contratados por la organización, una decisión que ha generado un fuerte rechazo dentro del sector.
Asociaciones profesionales y sindicatos de periodistas consideran que esta práctica limita el derecho a la información y reduce la diversidad visual sobre el espectáculo, ya que los medios solo pueden publicar material promocional previamente seleccionado. La crítica no se centra únicamente en Rosalía, sino en una tendencia creciente en grandes conciertos internacionales donde los artistas controlan cada vez más su imagen pública.
Pese a las protestas y al debate generado tras lo ocurrido en Madrid, muchos medios terminaron utilizando igualmente las fotografías oficiales o imágenes captadas por asistentes con móviles, evidenciando la dificultad real de cubrir estos eventos sin acceso profesional. El caso reabre la discusión sobre los límites entre control artístico, promoción y libertad informativa en la cobertura cultural contemporánea.
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